La plataforma de videojuegos Roblox, un espacio masivo donde los usuarios diseñan y comparten millones de mundos virtuales, vuelve a estar bajo la lupa de las autoridades por el contenido generado por su comunidad. El detonante más reciente es la aparición de una experiencia llamada «Saint Silverlemon Isle», una recreación virtual y con «un detalle perturbador» de la infame Little St. James, la isla privada del fallecido convicto por tráfico sexual Jeffrey Epstein. El juego, que incluye cabañas, un yate y un templo subterráneo, ha reabierto un intenso debate sobre los límites de la libertad creativa y las obligaciones de moderación de la empresa.
Este incidente no es un caso aislado, sino la punta del iceberg de un problema sistémico denunciado en múltiples demandas judiciales. Autoridades estatales en Estados Unidos, desde Louisiana hasta Tennessee, acusan a Roblox de operar como un «coto de caza para pederastas» y de albergar «experiencias» con contenido sexualmente explícito y referencias a figuras controvertidas. Entre los juegos recurrentemente citados están «Escape to Epstein Island», «Diddy Party» y simulaciones de actividades sexuales, accesibles para una base de usuarios en la que aproximadamente el 60% son menores de edad.
Las familias y fiscales sostienen que la arquitectura de Roblox prioriza el crecimiento y los ingresos sobre la seguridad de los niños. Las demandas destacan la ausencia de una verificación de edad robusta y afirman que el sistema facilita que adultos se hagan pasar por menores y contacten con víctimas potenciales. Este entorno habría permitido numerosos casos de grooming, donde predadores contactan a niños, los manipulan y llegan a extorsionarlos para obtener imágenes íntimas, con consecuencias a menudo devastadoras para la salud mental de las víctimas.
En respuesta a la presión de los medios y las exigencias legales, Roblox ha declarado que implementará más de 100 nuevas medidas de seguridad. Entre estas se encuentran un sistema de estimación de edad a través del reconocimiento facial y la limitación de conversaciones entre usuarios que pertenecen a distintos grupos etarios. Un vocero afirma que la plataforma no tolera el contenido sexual y emplea tecnología de punta y supervisión humana para identificar y borrar transgresiones de sus reglas.
A Roblox player spent weeks re-creating every aspect of Jeffery Epistein’s child sex island to exact hyper-realistic detail directly within the platform. Super disturbing pic.twitter.com/2FNN8nGhbI
— Schlep (@RealSchlep) January 20, 2026
La eterna tensión entre la libertad de creación y la responsabilidad corporativa es evidente en el juicio público que se realiza sobre Roblox. Mientras los tribunales resuelven su posible negligencia, los padres y los reguladores piden que la compañía, valorada en miles de millones, convierta su «techo colorido» en un lugar verdaderamente seguro para los millones de niños que lo utilizan todos los días. Las demandas siguen aumentando.










