La última maniobra de Xbox ha ejecutado el despido masivo de 136 de los 185 desarrolladores que formaban id Software, reduciendo el estudio a una fracción de su tamaño original. Según denuncian los propios afectados, la purga ha sido tan radical que la mítica desarrolladora de Doom y Quake ha quedado relegada a la categoría funcional de un simple estudio de soporte técnico.
La gravedad del desmantelamiento adquiere un tinte crítico al analizar las divisiones tecnológicas afectadas. El equipo encargado del id Tech (el laureado motor gráfico propietario, considerado una de las mayores hazañas de optimización de software en la historia de los videojuegos) ha sido reducido a un único empleado.
Derek Best, quien hasta esta semana se desempeñaba como artista principal de efectos visuales (VFX) tras una trayectoria de 12 años en la firma, rompió el silencio a través de su cuenta de LinkedIn para exponer la crueldad del proceso operativo. «Un poco más de 12 años terminaron sin ceremonias el día anterior al lanzamiento del DLC por el que todos hicimos ‘crunch’ para lograr sacar adelante».
La decisión de Microsoft resulta completamente paradójica e incomprensible para los analistas, especialmente cuando las directrices de la CEO Asha Sharma exigían a Bethesda priorizar y acelerar el desarrollo de sus propiedades intelectuales más lucrativas. Sin embargo, al diezmar la infraestructura de id Software, Microsoft sabotea de forma directa la capacidad del estudio para liderar proyectos independientes de gran envergadura.
Best sentenció con dureza la ironía de la administración corporativa: «Gran trabajo, Microsoft. Nada dice tanto ‘éxito empresarial’ como pulverizar a un equipo hasta el suelo y relegarlo al tamaño de un estudio de soporte, mientras se desechan logros tecnológicos masivos».
