Tras los agresivos aumentos de precios aplicados por Sony a sus consolas PS5 a principios de año, lo que ralentizó notablemente su ritmo comercial, la multinacional japonesa ha desvelado que planea mitigar los daños económicos reduciendo de forma deliberada la distribución y venta de unidades de PlayStation 5.
El origen técnico se encuentra en el drástico aumento en la demanda de componentes de memoria, impulsado por el auge de la Inteligencia Artificial (IA). Los fabricantes de semiconductores han priorizado lucrativos contratos con centros de datos de IA, reduciendo la disponibilidad de piezas para productos de consumo y disparando los costes de producción.
«En hardware, aunque Sony espera verse afectada por el impacto del aumento de precios y la escasez de suministro de semiconductores de memoria, planea gestionar el impacto en la rentabilidad ajustando de manera flexible los planes para, entre otras cosas, las ventas de unidades y las promociones».
La lectura directa es que la compañía asumirá una cifra menor de ventas de PS5 en adelante y es sumamente improbable que veamos rebajas u ofertas especiales de hardware durante campañas clave como Black Friday o Navidad.
El reajuste llega en un punto crítico: a estas alturas de su ciclo de vida, una PS4 podía adquirirse por apenas 299 dólares con un gran juego incluido; en contraste, la PS5 más económica se sitúa en los 599 dólares de forma individual. Curiosamente, vender menos unidades mejorará la rentabilidad de Sony, ya que el coste actual de los módulos de memoria ha escalado tanto que, probablemente, la firma pierde dinero por cada consola física que vende en las tiendas.
Aunque PlayStation posee una inmensa base de usuarios instalada para vender software, esta crisis de suministros plantea un escenario hostil e incierto de cara al futuro desarrollo de la PlayStation 6.
