El último informe fiscal de SEGA reveló un impacto negativo de 200 millones de dólares, consecuencia directa de la compra de Rovio Entertainment, creadores de Angry Birds.
La compañía reconoció que el rendimiento de Rovio fue muy inferior a lo esperado, lo que obligó a realizar un ajuste contable significativo. Este resultado pone en duda la estrategia de expansión de SEGA en el mercado móvil, ya que la adquisición buscaba fortalecer su presencia en ese sector.
El golpe financiero llega en un momento clave, justo cuando SEGA intenta consolidar sus franquicias principales y diversificar su negocio. La situación ha generado preocupación entre analistas y jugadores, quienes cuestionan si la apuesta por Rovio fue realmente acertada.
Aunque SEGA mantiene planes de crecimiento a largo plazo, este revés evidencia los riesgos de depender de adquisiciones para expandirse en mercados competitivos como el gaming móvil. La compañía ahora deberá demostrar que puede recuperar la inversión y aprovechar la marca Angry Birds más allá de su declive actual.
