A lo largo de dos décadas, la saga de Call of Duty no solo se ha consolidado como el referente de los disparos en primera persona (FPS), sino que ha escalado hasta convertirse en uno de los motores de ingresos más grandes de la historia, acumulando 36,000 millones de dólares de por vida. Con más de 500 millones de copias vendidas y un promedio de ingresos de 1,600 millones de dólares anuales desde 2003, la franquicia de Activision es una máquina de hacer dinero imparable.
Sin embargo, el dato que más impresiona es el coste de producción de sus entregas modernas. Con un presupuesto que alcanza los 700 millones de dólares por juego, el gasto acumulado de Call of Duty en solo tres años supera los 2,000 millones de dólares que supuestamente ha costado el desarrollo de GTA VI a lo largo de trece años. Esta comparación demuestra la agresividad con la que la producción anual de grandes éxitos se multiplica frente a desarrollos de ciclo largo.
La verdadera ventaja competitiva de Call of Duty reside en su repetibilidad: es capaz de entregar ingresos dignos de un éxito histórico bajo un calendario de lanzamientos anual. Mientras otros estudios apuestan por proyectos de una década, la «máquina» de Call of Duty garantiza una consistencia financiera que la sitúa como la franquicia de FPS más vendida de todos los tiempos y un pilar inamovible de la economía global del gaming.
