Tras una devastadora primera ronda de recortes que supuso el despido masivo de 1,600 trabajadores en toda la división, Xbox planea ejecutar una segunda oleada que fulminará a otros 1,600 empleados en los próximos meses. Esta purga logística, diseñada bajo la bandera de hacer la marca sostenible y rentable, ha golpeado con extrema dureza a las oficinas de Bethesda Game Studios.
Un informe publicado por IGN ha revelado que empleados de Bethesda, amparados bajo declaraciones estrictamente anónimas, han confesado su profunda preocupación por la viabilidad operativa de Fallout 76, el MMORPG postapocalíptico lanzado en 2018. Según desvelaron las fuentes internas, el equipo de desarrollo principal ha quedado tan diezmado tras los despidos que la empresa ha comenzado a obligar al personal veterano a capacitar a contratistas externos a marchas forzadas. «No tengo idea de cómo pretenden seguir actualizando Fallout 76 sin contratar directamente a un estudio externo», admitió uno de los desarrolladores afectados, confirmando que la pérdida de talento interno obligará a subcontratar el soporte del juego para evitar el cese de parches y expansiones de software.
La gravedad de la situación actual radica en que este modelo de externalización ya no es un apoyo opcional, sino una medida de supervivencia obligada que también está lastrando proyectos futuros. Los propios desarrolladores advirtieron en el informe que la sustitución de trabajadores fijos por contratistas temporales y outsourcers generará cuellos de botella técnicos que comprometerán el desarrollo y provocarán retrasos masivos en la producción de The Elder Scrolls 6, evidenciando las severas secuelas creativas que está dejando la gestión de la directiva en las franquicias de Microsoft.
