La reciente decisión de Epic Games de despedir a 1.000 empleados ha tomado un rumbo aún más trágico tras conocerse la situación de Mike Prinke, un trabajador que formó parte del estudio durante siete años y que actualmente lucha contra un cáncer cerebral terminal.
Su esposa, Jenni Griffin, hizo pública su situación en redes sociales, denunciando que el despido no solo supuso la pérdida de ingresos, sino la anulación de su seguro de vida, el cual es imposible de renovar debido a que su enfermedad se considera ahora una «condición preexistente».
Griffin relató el angustiante panorama de enfrentar la pérdida de su esposo mientras teme por la estabilidad de su hogar y el futuro de su hijo. A pesar de que Epic ofreció seis meses de cobertura médica a los afectados, la naturaleza terminal de la enfermedad de Prinke hace que la pérdida del seguro de vida sea un golpe irreparable para la planificación del funeral y el sustento familiar. Según Griffin, la condición de Mike era bien conocida en el estudio, ya que se sometía a tratamientos especializados para evitar la pérdida de memoria y así mantener su alto rendimiento laboral.
Ante la presión en redes sociales y las etiquetas directas al CEO de Epic Games, Tim Sweeney, este finalmente respondió a través de X (antes Twitter). Sweeney aseguró que la empresa ya está en contacto con la familia y que «resolverán el problema del seguro para ellos». El directivo se disculpó por no haber detectado esta situación con antelación, alegando que la confidencialidad de la información médica impidió que fuera un factor a considerar durante la selección del personal para los despidos.
