Dos décadas después de su estreno, Rosamund Pike recordó uno de los episodios más complicados de su trayectoria: la adaptación cinematográfica de Doom en 2005.
Durante una sincera entrevista en el podcast How to Fail de Elizabeth Day, la nominada al Óscar no dudó en calificar la cinta como un «fracaso absoluto» y una «catástrofe» que, en su momento, amenazó con acabar con su carrera en Hollywood antes de que este despegara realmente.
Pike recordó cómo pasó de la elegancia de Orgullo y Prejuicio a verse inmersa en una producción de acción junto a Dwayne ‘The Rock’ Johnson y Karl Urban. «Estaba en mi campo de fardos de hayo con mi gorrito y pensé: ‘Sí, puedo hacer cualquier cosa… ciertamente puedo ir a matar algunos zombis en Marte'», bromeó la actriz. Sin embargo, la realidad del set fue un choque cultural. Pike describió un ambiente cargado de testosterona, con pesas en el set y una reverencia casi religiosa por las armas de la franquicia, algo que la hizo sentirse «fuera de su zona de confort y totalmente incapaz de ser una estrella de acción».
La actriz también reflexionó sobre las presiones de género de la época, admitiendo que en aquel entonces sintió que el fracaso de la película estaba ligado a no haber cumplido con el estereotipo de «sex symbol» que se esperaba de las mujeres en el cine de acción. «Si la película es un fracaso, piensas: ‘Mierda, es porque no fui lo suficientemente sexy'», confesó.
Pike lamentó la falta de apoyo en 2005, comparándolo con la industria actual, donde una actriz que interpreta a un icono como Lara Croft contaría con entrenadores personales y una preparación física integral para el papel.
