A pesar de sus impresionantes cifras de ventas, Crimson Desert ha comenzado a enfrentar una polarización extrema en los portales de reseñas de usuarios. Recientemente, una calificación de 0/10 en Metacritic ha captado la atención, no por fallos técnicos o por los ya conocidos problemas de control, sino por la total ausencia de representación LGBTQ+ en el ambicioso título de Pearl Abyss.
El autor de la reseña argumenta que, en pleno 2026, la falta de diversidad e inclusión en un RPG de mundo abierto de esta escala resulta «obsoleta». Según el comentario, no se trata de una postura política, sino de una cuestión de inmersión y pertenencia: «Se trata simplemente de sentirse invitado a jugar e incluido en el mundo que el juego intenta construir. En un RPG moderno tan grande, esa ausencia se siente anticuada», afirma la crítica que ha encendido el debate en los foros especializados.
Esta reseña llega en un momento de tensión para el estudio coreano, que ya lidia con filtraciones sobre un desarrollo caótico y una historia decidida a última hora. Mientras que una parte de la audiencia defiende la visión de los desarrolladores basándose en la ambientación fantástica medieval de Pywel, otros jugadores coinciden en que la falta de opciones de personalización o de relaciones diversas limita la capacidad del juego para resonar con un público global y moderno.
Este incidente subraya el creciente escrutinio al que se someten los grandes lanzamientos de este año en términos de representación e inclusión.
