Las tensiones políticas entre China y Japón ya golpean directamente a los fanáticos del manga y anime japonés. La organización de COMICUP, la convención más importante de anime, manga y cultura ACG en el país, confirmó que en su edición de cierre de año, programada para el 27 y 28 de diciembre en Hangzhou, solo se permitirán obras y mercancía de origen chino.
El comunicado interno de la edición CP32 instruyó a expositores, autores y cosplayers que el evento tendrá un enfoque “estilo chino” y que cualquier stand o material que no encaje será retirado. Aunque se presentó como una medida cultural, en la práctica significa la prohibición de IPs japonesas.
La decisión provocó una ola de cancelaciones, ya se estima que 200,000 asistentes declinaron su participación, mientras actividades temáticas basadas en anime fueron suspendidas o trasladadas fuera del recinto. En redes sociales, los fans interpretan la medida como un castigo político disfrazado de filtro cultural.
El origen de la tensión está en las declaraciones de la primera ministra japonesa Sanae Takaichi, quien en noviembre advirtió que un ataque chino a Taiwán sería una “situación de supervivencia existencial” para Japón y justificaría una respuesta militar. Pekín lo consideró una provocación directa y respondió con medidas políticas, económicas y ahora culturales.
La prohibición de la cultura japonesa en COMICUP marca un precedente, con el intercambio cultural entre ambos países fracturado, y el anime, símbolo global de Japón, se convierte en la primera víctima visible de esta nueva etapa de confrontación política.
