Para los seguidores de Bethesda Game Studios, la espera por The Elder Scrolls VI se ha convertido en un ejercicio de paciencia infinita. Tras ocho años desde aquel primer teaser, Todd Howard ha aprovechado una reciente entrevista para explicar por qué los ciclos de desarrollo de la compañía se han extendido drásticamente en comparación con los lanzamientos de Skyrim o Fallout 4.
Howard atribuye la tardada producción de sus proyectos recientes, especialmente tras la experiencia con Starfield, a una combinación de factores externos e internos. La transición a la propiedad de Microsoft, el impacto de la pandemia y la naturaleza de crear IPs originales han ralentizado los procesos. Además, el director destacó que Bethesda prefiere mantener equipos de preproducción pequeños (alrededor de 400 a 500 personas en su punto máximo) para encontrar el «núcleo» perfecto del juego antes de acelerar el desarrollo masivo, evitando así el crecimiento desmedido que ha afectado a otros estudios de la industria.
Un punto clave en la estrategia de Bethesda es el éxito sostenido de sus títulos anteriores. Con millones de personas aún activas en Skyrim, Fallout y Starfield, Howard asegura que no sienten la urgencia de apresurar la nueva entrega.
«Tenemos el beneficio de contar con audiencias masivas que siguen jugando, y tratamos de descubrir cómo servirlas mientras creamos algo nuevo», explicó.
En un mercado donde los costos son extremadamente altos y la confianza en el retorno de inversión es vital, Bethesda apuesta por la cautela y la identidad propia por encima de las presiones del calendario.
