La actriz australiana Milly Alcock enfrenta el golpe más duro de su carrera tras consolidarse el catastrófico rendimiento comercial de Supergirl. Varios medios están vinculando su fracaso en taquilla con el fuerte activismo político de la protagonista, quien se ha convertido en una figura central de los movimientos de boicot cultural contra Israel.
Alcock generó un movimiento en la industria tras firmar un manifiesto masivo que exige el boicot total a artistas, festivales e instituciones culturales israelíes, acusándolos de complicidad en la crisis de Gaza. Su activa militancia pro-palestina provocó una feroz campaña de rechazo y llamados al boicot en su contra por parte de diversos sectores y agrupaciones internacionales. Para muchos analistas, esta polarización de su imagen pública terminó por pasarle factura en la taquilla norteamericana.
Con un presupuesto combinado de producción y marketing de $290 millones de dólares, la cinta sufrió una caída libre del 74% en su segundo fin de semana, provocando que los exhibidores retiraran el filme de más de 1,000 salas simultáneamente por falta de espectadores. La recaudación global quedó estancada en unos 111 millones de dólares, dejando pérdidas por más de 100 millones de dólares.
Ante el irreversible naufragio, Warner Bros. Discovery ha decidido tirar la toalla en la pantalla grande y ha programado el estreno anticipado del largometraje en plataformas digitales de pago para este próximo 28 de julio para intentar amortizar costes.
