Mientras los eurodiputados se reunían para debatir la iniciativa ciudadana Stop Killing Games, la sesión se desvió por completo cuando Milan Uhrík, líder del partido de extrema derecha eslovaco Movimiento de la República, lanzó un discurso contra la supuesta ideología progresista (woke) en los videojuegos.
La iniciativa popular, que ha logrado reunir casi 1.3 millones de firmas verificadas de ciudadanos de la Unión Europea, exige medidas legales para impedir que las compañías destruyan o dejen permanentemente injugables los videojuegos que los usuarios han comprado una vez que cierran sus servidores. Sin embargo, Uhrík aprovechó el turno de palabra libre para desatender el debate sobre los derechos del consumidor y centrar su intervención en un alegato identitario. «La ideología woke y la monetización agresiva están destruyendo los videojuegos. Lo diré alto: la corrección política se está imponiendo a la fuerza», arrancó el eurodiputado ante el asombro de los asistentes.
Durante su discurso, el político eslovaco —quien se definió ante la cámara como un jugador habitual de PC— arremetió de forma específica contra la diversidad en la industria. Uhrík citó con desagrado un título genérico donde se obliga al usuario a «jugar como un personaje queer» y centró sus mayores críticas en la próxima entrega de Ubisoft, Assassin’s Creed Shadows, por incluir al samurái africano Yasuke. «Si queremos jugar como un samurái, obviamente queremos jugar como un guerrero japonés y no ser forzados a jugar como un guerrero negro o una mujer», afirmó el líder ultraderechista, replicando de forma casi exacta las quejas que varios inversores individuales verterían en las juntas de accionistas de la multinacional francesa durante los meses previos.
La prensa internacional no ha tardado en recordar el historial del emisor del discurso: la formación que dirige Milan Uhrík, nacida en 2021 tras una escisión del Partido Popular Nuestra Eslovaquia, está catalogada de forma unánime por los medios de comunicación de su país como una organización de corte neofascista, restando cualquier tipo de validez técnica a sus argumentos dentro del marco regulador de la Comisión Europea.
