Supergirl ha debutado con una recaudación global de 68 millones de dólares durante su primer fin de semana en cartelera. Esta cifra sitúa al proyecto en una posición de extrema vulnerabilidad económica, considerando que la manufactura y el desarrollo técnico de la cinta supusieron un desembolso neto de 170 millones de dólares en presupuesto de producción, sin contar las masivas campañas de marketing internacional.
El debut en Estados Unidos y Canadá de Supergirl no solo ha quedado por debajo de las proyecciones iniciales del estudio, sino que ha registrado peores cifras que otros sonados tropiezos del género como The Flash, Morbius y The Marvels.
La debilidad del estreno en salas responde, según los primeros sondeos de mercado, a una acusada fatiga del espectador frente a las narrativas convencionales de superhéroes. Al recaudar apenas una fracción de su coste técnico de desarrollo en sus primeros días, la película se enfrenta a una trayectoria logística muy empinada para alcanzar el punto de equilibrio financiero (break-even), fijado por los especialistas en torno a los 400 millones de dólares debido a los porcentajes de beneficio que retienen las cadenas de exhibición.
El futuro inmediato de la saga dependerá por completo de la estabilidad que muestre la película protagonizada por Milly Alcock en el mantenimiento de taquilla durante las próximas semanas y de su rendimiento en los mercados de Asia y Europa. De no experimentar un sólido efecto de recomendación «boca a boca» entre los espectadores, Supergirl corre el riesgo de convertirse en otro fiasco financiero del año en el terreno de los blockbusters.
