En el marco de su última sesión de preguntas y respuestas financieras con inversores, el presidente y director ejecutivo de Sony Interactive Entertainment, Hideaki Nishino, ha confirmado que la multinacional japonesa no tiene la intención de vender su futuro hardware bajo un esquema de pérdidas significativas.
Esta postura oficial llega en un momento de máxima incertidumbre, justo cuando los analistas técnicos estiman que el coste base de producción del PlayStation 6 podría empujar su precio de venta al público por encima de los 1.000 dólares.
Al ser interrogado de forma directa sobre las salvaguardas de la empresa ante la rentabilidad del hardware y la inflación de los componentes, Nishino dijo que no es realista para la organización absorber todos los incrementos en las tarifas de los materiales de fabricación. El directivo recordó que Sony ya se ha visto obligada a ejecutar revisiones al alza en los precios de la actual generación fuera de Japón, defendiendo que la prioridad técnica es que los consumidores comprendan el valor de la experiencia que se les entrega en relación con el coste final del producto. «Como principio, no entra en nuestros planes vender hardware asumiendo pérdidas estructurales graves», sentenció el ejecutivo.
Esta declaración de intenciones choca frontalmente con la estrategia comercial tradicional de la marca PlayStation, la cual consistía en subsidiar las consolas durante sus primeros años de vida —perdiendo entre 100 y 200 dólares por unidad ensamblada— con el objetivo de inundar el mercado doméstico lo antes posible y recuperar el margen de beneficio mediante las regalías del software y las suscripciones a PlayStation Plus. Sin embargo, la denominada «crisis del silicio» provocada por la inteligencia artificial, que ha disparado de forma descontrolada los costes de la memoria RAM y las unidades de almacenamiento SSD de estado sólido, ha convertido este antiguo ecosistema financiero en algo totalmente inviable para las empresas.
