A pesar de que la consola PlayStation 5 continúa sumando millones de unidades vendidas año tras año, un informe con datos recopilados por el medio especializado Game File revela que Sony ha estado luchando activamente contra una disminución constante y progresiva en las ventas de sus videojuegos de desarrollo propio (first-party) desde el año 2020 hasta el cierre del último año fiscal.
Este patrón de descenso se ha mantenido firme a pesar del lanzamiento de producciones de enorme presupuesto y gran calado crítico como God of War: Ragnarök, Marvel’s Spider-Man 2 y Astro Bot, reforzando la percepción generalizada de que a la presente generación de consolas le ha faltado un flujo constante de lanzamientos de peso.
La cronología de los datos financieros muestra que el año fiscal 2020, que contó con los potentes estrenos de The Last of Us: Part II y Ghost of Tsushima marcaron un listón alto que la compañía no ha logrado replicar de manera consistente en los años posteriores. De hecho, la tendencia a la baja de la década de 2020 se hace evidente incluso al comparar estos resultados con los periodos previos a dicho año.
La raíz del problema reside en el propio modelo de negocio de Sony, el cual ha sido estructurado históricamente para depender de apenas uno o dos grandes lanzamientos first-party por año. Aunque la empresa ha intentado diversificar su oferta mediante una oleada de remakes, remasterizaciones y adaptaciones, la realidad del mercado demuestra que la marca sigue sin poder exhibir un crecimiento sostenido y sólido en su división de software principal, dejando claro que el hardware requiere de un catálogo mucho más nutrido y constante para justificar su dominio.
