Un informe publicado por el periodista Jason Schreier de Bloomberg revela que Bungie mantuvo cerca de seis videojuegos como servicio en desarrollo simultáneo antes, durante y después de su adquisición por parte de Sony Interactive Entertainment por 3.600 millones de dólares.
La ambiciosa cartera de proyectos constituyó un pilar clave en el interés comercial de la multinacional japonesa, que buscaba aprovechar la experiencia de la desarrolladora en el sector del juego online para nutrir su catálogo.
Pese a las expectativas iniciales, la mayoría de los prototipos fueron cancelados progresivamente debido a problemas de producción y reestructuraciones internas, dejando a la compañía con una plantilla reducida y un enfoque operativo limitado.
Entre las iniciativas identificadas dentro de este portafolio de desarrollo había una nueva propiedad intelectual con el nombre en clave Project Gummy Bears, la cual fue asumida directamente por PlayStation Studios para continuar su desarrollo interno, además de múltiples juegos de servicio en la nube y experiencias multijugador no anunciadas que fueron descartadas tras no alcanzar los estándares comerciales requeridos.
El fracaso de estos proyectos paralelos, sumado al cese de las actualizaciones principales de Destiny 2, ha provocado un severo ajuste de personal en el estudio de Seattle, reduciendo sus operaciones a un equipo mínimo centrado en sostener sus infraestructuras activas.
